miércoles, 5 de diciembre de 2012


REPUBLICA CONSERVADORA


José Joaquín Prieto, tras salir victorioso en la Revolución, asumió como presidente de la República en 1831. Junto a él, el poder de Diego Portales se acrecentó de tal forma que se convirtió en el hombre más importante del país.
Siguiendo la ideología de Portales, de carácter autoritario —«gobierno obedecido, fuerte, centralizador, respetado y respetable, impersonal, superior a los partidos y a los prestigios personales»—, fue promulgada la Constitución de 1833, la que entregaba fuertes poderes al presidente de la República, electo por sufragio censitario por un período de 5 años y reelegible por otros 5. Esto permitió que el país acabara con el período de anarquía de los años anteriores, estableciendo un período de estabilidad (sólo rota momentáneamente por las revoluciones de 1851 y 1859), sentando las bases institucionales en que se desarrollaron los posteriores regímenes, y comenzando a recuperarse de la crisis económica.
El descubrimiento del mineral en Chañarcillo y la venta de trigo hacia mercados externos comenzaron a otorgar riqueza al país. Sin embargo, la rivalidad de los puertos de Valparaíso y el peruano del Callao, por el dominio del Pacífico se agravó con la creación de la Confederación Perú-Boliviana de Andrés de Santa Cruz. Portales, uno de los más férreos enemigos de esta confederación, fue uno de los promotores de la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana. En su cargo de Ministro de Guerra, logró que el Congreso declarara la guerra el 28 de septiembre de1836. Gran parte del pueblo y del ejército no estaba convencido de ir a la guerra. Sin embargo, el asesinato del mismo Portales, el 6 de junio de1837, fue el aliciente necesario para la participación en la guerra y la victoria en la batalla de Yungay al mando del general Manuel Bulnes, el20 de enero de 1839.
En 1841, Bulnes fue elegido como sucesor de Prieto. Durante este período, la economía chilena siguió en auge. Se inauguró la Universidad de Chile y comenzó un apogeo de la cultura con la Sociedad Literaria de 1842 de José Victorino Lastarria y Francisco Bilbao, entre otros. Además, se dio inicio a un período conocido como Época de Expansión con el establecimiento de una colonia en el Estrecho de Magallanes. Al fin de su mandato, un intento revolucionario para evitar la asunción de Manuel Montt, fue aplacado tras la batalla de Lonco milla, el 8 de diciembre de 1851.

REPUBLICA LIBERAL


José Joaquín Pérez asumió como Presidente en 1861, como candidato de unidad y con él se acabó el período llamado "Época de los Decenios", debido a la duración del mandato de los Presidentes Prieto, Bulnes, Montt y Pérez.
Una de las primeras situaciones que debió enfrentar Pérez fue la Guerra contra España. La guerra comenzó como un conflicto diplomático entre Perú y España, nacido del llamado incidente de Talambo, una pelea entre individuos de las dos naciones que acabó con varios heridos y dos muertos, uno español y el otro peruano. Una escuadra enviada desde España con una misión diplomática y científica protestó por la muerte de su compatriota y exigió un castigo para los culpables. La falta de entendimiento entre el enviado español y el gobierno peruano, unido a la información errónea proporcionada por el primero a la Escuadra, llevó a la ocupación española el 14 de abril de 1864 de las peruanas islas Chincha, fuente de ingresos muy importante para aquel país. La firma el 2 de febrero de1865 del Tratado Vivanco-Pareja, por el que Perú se comprometía a pagar una indemnización fue rechazada por la opinión pública peruana, dando comienzo a una sublevación militar que llevaría al derrocamiento del presidente constitucional y al ascenso al poder del coronel Mariano Ignacio Prado el 28 de noviembre del mismo año. Un mes antes, Chile había declarado la guerra a España. El 14 de enero de 1866 se firmó el Tratado de Alianza ofensiva y defensiva, celebrado entre las Repúblicas de Perú y Chile por el que ambos países unieron sus fuerzas contra España.
Entre las acciones bélicas más importantes, destacaron el combate de Papudo (26 de noviembre de 1865), que tuvo como resultado la captura de uno de los buques españoles y condujo al suicidio del Comandante General de su Escuadra; el bombardeo de Valparaíso (31 de marzo de 1866), que supuso unas pérdidas millonarias para el comercio chileno;y el combate del Callao (2 de mayo de 1866), en el que la flota española se enfrentó a las defensas de este puerto peruano con resultado indeciso.
El período de expansión iniciado durante el gobierno de Montt continuó durante el mandato de Pérez. En el norte de Chile, comienzó la inversión para la explotación de minerales (salitre y cobre) en la zona de Antofagasta, bajo administración boliviana. Al mismo tiempo, el francés Orélie Antoine de Tounens declaró la independencia del Reino de la Araucanía y la Patagonia. Aunque este estado nunca fue instalado definitivamente, generó en el país la idea de controlar finalmente dicha región bajo dominación indígena. En1865, una ley interpretativa de la Constitución estableció la libertad de cultos y en 1867 comenzó a regir el Código de Comercio.

La Guerra Civil de 1891, también conocida como Revolución de 1891, fue un conflicto armado en Chile entre partidarios del Congreso Nacional contra los del Presidente de la República José Manuel Balmaceda.
Tras una serie de disputas entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, la discusión sobre el presupuesto del año 1891finalmente generaría el estallido del conflicto interno. Mientras las fuerzas del Ejército de Chile se divideron, apoyando ambos bandos, la Armada se unió a los congresistas. Desde Iquique los revolucionarios iniciaron, con apoyo de material británico, una serie de campañas con el fin de derrocar a Balmaceda, que estableció una férrea dictadura y opresión sobre sus opositores.
Tras la batalla de Concón y la batalla de Placilla, las fuerzas leales al presidente fueron derrotadas. Balmaceda entregó el poder a Manuel Baquedano el 28 de agosto, mientras las fuerzas revolucionarias entraban a Santiago, y se refugió en la legación argentina, suicidándose el 19 de septiembre de 1891, un día después de que expirara su período constitucional como Presidente.

REPÚBLICA PARLAMENTARIA

República Parlamentaria es un período en la historia de Chile que se extiende entre 1891 y 1925.1 Corresponde a un régimen seudoparlamentario,2también caracterizado como gobierno de partido bajo formas parlamentarias,3entendiendo por parlamentario en su época una interpretación dada a las relaciones Presidente-Congreso Nacional en la Constitución de 1833, después de la derrota de Balmaceda en la Guerra Civil. Durante este periodo se destacó principalmente el predominio del Congreso Nacional sobre el Presidente de la República.
Los eventos que marca su comienzo es la Guerra Civil de 1891, y su fin elGolpe de Estado de 1924, que implicó la clausura del Congreso, y la promulgación de la Constitución de 1925, que estableció un régimen presidencial.

-       ( Golpe de estado de 1924) : El golpe de Estado de septiembre de 1924 fue un movimiento militar ocurrido en Chile que generó el fin de la República Parlamentaria y el término de la vigencia de la Constitución de 1833.

-    (El Plebiscito constitucional de 1925): fue un referéndum vinculante realizado en Chile, el30 de agosto de 1925, por el cual se aprobó la Constitución Política de 1925.
La convocatoria a dicho plebiscito estaba regulada por los Decretos Leyes N° 461 (21 de julio) que fijaba la fecha de convocatoria y determinaba la forma del voto, y N° 462 (3 de agosto) referido al procedimiento electoral. Ambos firmados por Arturo Alessandri y publicados en el Diario Oficial el 3 de agosto de 1925.

martes, 4 de diciembre de 2012


REPÚBLICA PRESIDENCIAL

Tras la victoria del presidencialismo, Alessandri e Ibáñez se enfrascaron en una disputa por el liderazgo. El primero deseaba establecer un candidato único para la Presidencia, cargo que ambicionaba el militar. Ibáñez fue apoyado por un manifiesto de varios políticos promoviendo su candidatura que parecía oficial a pesar del rechazo manifestado por Alessandri, produciendo la renuncia en pleno del gabinete. Frente a esta situación, Ibáñez publicó una carta abierta al Presidente recordándole que sólo podría gobernar emitiendo decretos con su firma, ya que era el único ministro en el gabinete. De esta forma, el gobierno de Alessandri estaba sometido a las decisiones de Ibáñez, algo que el León de Tarapacá no aguantaría: designó a Luis Barros Borgoño como ministro del Interior y presentó su renuncia irrevocable, el 2 de octubre de 1925.
Barros Borgoño fue reemplazado por Emiliano Figueroa, que había sido electo como candidato de consenso entre los partidos políticos para enfrentar la crisis política en que se encontraba el país. Sin embargo, Ibáñez logró mantenerse como ministro del Interior. Figueroa no pudo controlar a Ibáñez y terminó renunciando el 7 de abril de 1927. Entonces, Ibáñez asumió como Presidente ante la vacancia del cargo.
Durante el gobierno de Ibáñez se crearon diversos organismos como la Línea Aérea Nacional, la Contraloría General de la República, Carabineros de Chile y la Fuerza Aérea de Chile. Además, se promulgó el Código del Trabajo y se firmó el Tratado de Lima, el 3 de junio de 1929, que zanjó los problemas limítrofes con el Perú.


Golpe de estado de 1973

El golpe de Estado acaecido en Chile el 11 de septiembre de 1973, fue una acción militar llevada a cabo por la Fuerzas Armadas y Carabineros, para derrocar al presidente socialista Salvador Allende y al gobierno izquierdista de la Unidad Popular. A ello le precedió, un período de alta polarización política y convulsión económica y social. Los militares contaron con el apoyo de la derecha política y también de un sector del Partido Demócrata Cristiano.
El golpe fue planeado inicialmente por un sector de la Armada de Chile, con el apoyo de los Estados Unidos. Posteriormente, se agregaron generales de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros. El comandante en jefe del ejército, Augusto Pinochet asumió la dirección del complot. También hubo influencia de parte de varios grupos de poder nacionales e internacionales, entre los que destaca el presidente Nixon, el vicepresidente de EEUU, Gerald Ford, George H. W. Bush y la CIA .

miércoles, 21 de noviembre de 2012

 





                                                     Dictadura militar (chile)
Lo que se vivió en Chile el 11 de septiembre de 1973 fue un “golpe militar”. Eso es lo que aparece en los libros de historia de todo el mundo. Entonces, hablar de “pronunciamiento” o “gobierno militar” es tratar de cambiar las cosas y suavizarlas. Es como llamarle “solución final” al “holocausto”.
Si hay gente que no quiere admitir que aquí hubo una dictadura, eso es porque las mismas personas que hasta hace poco decían “que no supieron” de las torturas y las matanzas que ocurrieron frente a sus narices, siguen sin querer mirar la historia. Este es un país con gente tan obtusa que no quiere ver lo que es evidente.
Si solo se ve lo que se quiere ver y algunos niegan lo que otros no se cansan de repetir, eso habla de un país en que no existe ningún tipo de reconciliación. Hay dos visiones totalmente opuestas de la historia. Dos versiones irreconciliables en la forma de ver un mismo país.
Esta división se mantiene porque esa gente obtusa está en ambos lados. Hay quienes sostienen que la gente de izquierda está llena de odio y cosas por el estilo. Y si bien es innegable que la izquierda también ha cometido errores, lo cierto es que aquí hubo muertos. Miles de hombres y mujeres con una vida tranquila que fueron torturados y asesinados de las formas más crueles e ignominiosas que el hombre pueda imaginar.
Y detrás de esos muertos hay padres, hermanos, amigos, amantes y descendientes. Cuando se muere un ser querido, ese es un dolor muy difícil de superar. Pero cuando te lo matan, ni bajo la tumba es posible olvidarlo. Como madre, entiendo a las mamas que más de treinta años después siguen luchando por la memoria de sus hijos. Entiendo a quienes siguen y siguen luchando, exigiendo verdad, justicia y verdad.
Porque lo más importante es la verdad. Saber porqué mataron a tu hijo. En qué momento exacto y de qué forma. Si no se sabe la verdad, cualquiera puede llegar y cambiar la historia por decreto. Ahora podrían decir que a los que tiraron al mar les estaban enseñando a nadar. Lo que no tiene nada de gracioso. Porque hay gente que hasta se lo podría creer y, peor aun, gente que quisiera creerlo.
Pero a mí no me vienen con cuentos. Yo le digo al pan pan y al vino vino. Aquí hubo dictadura militar, cruel y sanguinaria. Eso de “régimen militar” es algo muy distinto. Puede tratarse de un estado de excepción en que un gobierno democrático pide a las Fuerzas Armadas intervenir por un tiempo acotado para reestablecer el orden. Y cuando la fiesta está en paz, los generales vuelven a sus cuarteles. Pero no creo que ningún gobierno en el mundo haya pedido un régimen militar por más de 17 años.
Nadie puede perder la memoria por 17 años. Mucho menos un gobernante. No entiendo qué es lo que trata de hacer de Piñera y su gobierno. Tienen una manera de gobernar extrañísima en que tratando de agradar a todos, terminan con la aprobación que tienen. Lo cual es lamentable, porque Piñera es un patriota y quiere lo mejor para el país, pero el problema es que nadie sabe cuál es su carta de navegación. Hasta a Pinochet se le cachaba más la onda, tenía claro como dirigir su Dictadura.
Mientras las madres sigan exigiendo saber cómo murieron sus hijos al mismo tiempo que otros intenten cambiar la historia, seguirán habiendo dos historias en un mismo país. ¿Cuál de estas dos historias es la que quiere construir Piñera para el Chile del futuro? Eso habría que preguntárselo a él.

El Plebiscito Nacional de 1988

El Plebiscito Nacional de 1988 fue un gran remezon realizado en Chile el 5 de octubre de 1988, durante el Régimen Militar. Este plebiscito se realizó en aplicación de las disposiciones transitorias (27 a 29) de la Constitución Política de 1980, para decidir si Augusto Pinoche seguiría como presidente del país hasta 1997. El resultado fue de 44,01% por el «Sí» y 55,99% por el No. El universo electoral habilitado para votar ascendió a 7.435.913 personas.
En mi opinión el plebiscito que se hizo en chile en 1988 fue para el país un gran avance hacia la democracia y al fin del régimen militar por parte del general en retiro Augusto Pinochet que ahora esta muerto por causa que yo desconozco.




El triunfo del No significó, conforme a las disposiciones transitorias de la Constitución, la convocatoria de elecciones democráticas conjuntas de presidente y parlamentarios al año siguiente, que conducirían al fin de la dictadura y el comienzo del periodo conocido como transición a la democracia.


La “modélica” Transición

Como se puede observar, la “democracia española” está viciada en su origen y no puede ser denominada como tal.
La mal llamada Transición estuvo dirigida por la CIA y la socialdemocracia alemana, con el beneplácito de los franquistas. Se trataba de evitar una revolución tras la muerte de Franco, y para ello decidieron construir un partido de “izquierdas” que desbancara a un, por aquel entonces, creciente PCE. En realidad el partido de “izquierdas” no tuvo que ser creado, sino “moldeado”, porque para esa tarea fueron  tentados ciertos individuos del PSOE, que aceptaron el trabajo encomendado.
Entre los que permanecían en el estado y los que estaban en el exilio, en los sesenta el PSOE era poco más que un puñado de militantes. El 14 de octubre de 1974 se clausuró su XIII Congreso en la ciudad francesa de Suresnes, y de aquel congreso salió dirigiendo el partido Felipe González, “Isidoro”, el hombre que se necesitaba para llevar a cabo el plan de resurgir al partido “izquierdista” que asfixiara al PCE; aunque, si bien es cierto y como ya he comentado unas líneas más arriba, la dirección de este último partido tampoco estuvo a la altura de las circunstancias, ya que llegó a aceptar condiciones y propuestas totalmente inaceptables.
El “socialista” Felipe González acudió a Suresnes con la paradójica ayuda del Servicio Central de la Presidencia de Gobierno, que se encargó de facilitarle el pasaporte. A partir de aquel momento, todos los esfuerzos fueron encaminados a desgastar a la izquierda revolucionaria para agrandar a la “izquierda” domesticada. Mientras a los “socialistas” la policía franquista no les detenía, los comunistas caían en masa. La dirección del PSOE, con González a la cabeza, siguió los dictados de la CIA al pie de la letra, hasta que por fin llegaron al poder en 1982. Posteriormente, el PSOE tampoco defraudó a sus impulsores.
Podría decir que la Transición no existió, y así ahorrarme la explicación sobre el carácter “modélico” que le atribuyen. Pero, aunque no me extenderé demasiado, no seré tan simplista y añadiré algunos datos.
Tantos años después de su supuesto inicio, la Transición sigue siendo una asignatura pendiente. Como ya he comentado unas líneas más arriba, Juan Carlos de Borbón, rey asignado por Franco para sucederle, aún ostenta la jefatura militar y del Estado sin que la población, a quien se dice representa, se haya podido pronunciar al respecto en todos estos años. Y el príncipe Felipe, con el único mérito de ser hijo del monarca, espera su turno para sucederle.
La democracia y la monarquía, por incompatibles, chocan frontalmente. De modo que la Transición de una dictadura hacia la democracia nunca podrá ser efectiva con un rey como jefe del Estado por medio, y menos todavía si este fue creado e impuesto a su medida y semejanza por el propio dictador a espaldas del pueblo. En todo caso, la denominación más correcta sería la de traspaso.
Lo sangrante del caso es que, quienes insisten en que la Transición sí se hubo dado, la presentan además como modélica ¡Qué cinismo! ¿Modélica? ¡Que no nos vengan con cuentos! Entre 1976 y 1980 la policía, la Guardia Civil y la extrema derecha asesinaron impunemente a más de cien personas, y miles de detenidos fueron salvajemente torturados.
Sin ir más lejos, mi hermano Alfredo, militante revolucionario hoy ya fallecido, fue uno de los muchos que sufrió en sus propias carnes la persecución, el secuestro, la detención y la tortura a manos de los aparatos del Estado.
En todo ese período, Adolfo Suárez fue el presidente del Gobierno. Falangista de camisa azul y mano en alto, Suárez recibió de Franco la Orden Imperial del Yugo y las Flechas, y, tiempo después, la Monarquía le hizo aristócrata asignándole el título de duque. También encontró acomodo como presidente de la Fundación de Victimas del Terrorismo; por supuesto que la enorme cantidad de victimas mortales provocadas por ellos bajo sus mandatos nunca tuvieron cabida en su entidad.
En cuanto a la jefatura del Ministerio del Interior se refiere -estrechamente relacionado con la brutal represión desatada durante aquellos años-, ésta fue repartida entre Manuel Fraga Iribarne -1976, ministro de la Gobernación por aquel entonces-, Rodolfo Martín Villa (1976-1979), Antonio Ibáñez Freire (1979-1980) y Juan José Rosón (1980-1982).
Fraga tiene en su haber a varios asesinados -los de la matanza de Vitoria, los de Montejurra…-. Sin embargo,estos y otros graves incidentes nunca le impidieron presentarse repetidas veces a las elecciones generales, por ejemplo, o presidir la Xunta de Galiza hasta esta última legislatura. Sobra decir, por tanto, que nunca respondió por su sangriento pasado.
De la boca de Rodolfo Martín Villa ha salido en repetidas ocasiones: “todo se lo debo a Franco”. Este detalle sería suficiente para descalificarlo, pero, aunque brevemente, añadiré algo más. Fue gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Barcelona cuando, en esta ciudad, Txiki fue detenido y fusilado -recordemos que condenado sin la aportación de ninguna prueba. Como dirigente del sindicato vertical -franquista-, uno de sus mayores esfuerzos los dedicó a desactivar al movimiento obrero, y, para llevar a cabo su trabajo, no dudó en utilizar la represión policial alternándola con las acciones de sus “incontrolados” matones. A este siniestro personaje el gobierno de Aznar le designó la presidencia de ENDESA, y él se encargó de privatizarla. Dirigiendo la compañía eléctrica consiguió que, en Chile, los indios mapuches fueran expulsados de sus tierras ancestrales para construir una presa. Ejerció, también, como Comisionado del Gobierno -del PP- en relación con la catástrofe del Prestige. En la actualidad es presidente de Sogecable, sociedad ligada al Grupo Prisa. Lo curioso del caso es que en 1978, con Martín Villa como ministro del Interior, las dependencias madrileñas del periódico El País -editado por Prisa-, sufrieron un atentado. La explosión del paquete bomba, que fue reivindicada por un comando de la extrema derecha, mató al conserje Andrés Fraguas e hirió de gravedad a otros tres empleados. Rodolfo Martín Villa no movió ni un solo dedo para detener a los autores.
De Antonio Ibáñez Freire me limitaré a decir que era general del ejército. En cuanto a Rosón, otro falangista de camisa azul y mano en alto hoy ya fallecido, comentar que fue igual de siniestro que sus predecesores. Cuando hubo de dejar el cargo -el PSOE ganó sus primeras elecciones en 1982-, recomendó a Felipe González -con éxito- a un antiguo compañero de militancia franquista para ocupar el puesto que él abandonaba: José Barrionuevo, uno de los máximos responsables de la guerra sucia practicada durante años por el PSOE.
En definitiva que, gracias a la “democracia española”, los responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la guerra civil, el franquismo con Franco y el franquismo sin éste -muy vivo aún en nuestros días- no es que no fueron juzgados, sino que muchos de ellos viven todavía con enormes privilegios. La Ley de Memoria Histórica -31 de octubre de 2007- no deja de ser un mal zurcido parche para salir del paso, puesto que tampoco resuelve ni resarce gran cosa.
Y estos son algunos de los “robustos” cimientos en que se apoya la citada “democracia”. Así se entiende que desde 1977 a esta parte acumule 350 muertos, más de 30.000 detenidos, 5.000 prisioneros, 7.000 torturados y varios desaparecidos; que el Comité de Derechos Humanos de la ONU llame la atención al gobierno de Rodríguez Zapatero por las torturas practicadas en las dependencias policiales, e insta a que suprima la legislación que permite el régimen de incomunicación de los detenidos que facilita dichas torturas. Así se entiende que, por el mero hecho de guardar silencio, se ilegalicen partidos y se encarcele a sus dirigentes; que se secuestren revistas, se cierren periódicos y emisoras de radio. Así se entiende que, mientras ex presidentes y otros ex altos cargos cobran sueldos vitalicios, el desempleo en todo el Estado afecte a casi tres millones de personas. Así se entiende que un presidente de Gobierno -Aznar- se involucre en una guerra ilegal -Iraq- y no sea juzgado; sin olvidar que el jefe del Estado y máximo responsable militar del ibérico país difícilmente pudo estar al margen de la decisión invasora. Así se entiende que otro presidente de Gobierno -Rodríguez Zapatero- defendiese en la Cumbre Iberoamericana de Chile -2007- el modelo neoliberal que tanto sufrimiento está causando en toda América Latina, con el perverso propósito de favorecer a las empresas españolas -a la oligarquía que él representa-, y que exigiese respeto para un fascista y criminal -Aznar- que no respeta a nadie. Así se entiende que el único jefe de Estado de toda aquella Cumbre que nunca ha sido elegido por su pueblo –Juan Carlos de Borbón- mandara callar a quien sí lo ha sido y utiliza la verdad y la palabra para defender su legítima causa, la de los pobres…
Y paro. No porque no haya nada más que añadir, sino por lo interminable que puede resultar la presente “lista”.
El próximo 6 de diciembre, los “demócratas españoles de toda la vida” volverán a estar de celebración. La herramienta disuasoria -y represora- habitualmente utilizada por una de “las dos Españas” contra la otra cumplirá treinta y dos años.